Con el paso del tiempo, su carrera tomó nuevos rumbos. Se alejó de los reflectores y encontró una nueva pasión en el doblaje, destacándose como la voz de la Bestia en la película animada de Disney Beauty and the Beast. Esta faceta le permitió continuar en el mundo del arte cuidando de su salud.
También descubrió en la docencia una vocación duradera. Impartió clases en distintas universidades, como la de Indiana, donde compartió su experiencia con jóvenes talentos. Además, dirigió episodios de reconocidas series de televisión, aunque con el tiempo sintió que ese ambiente ya no lo llenaba del todo.

En 2002, decidió mudarse con su familia a Carolina del Norte, donde pudo reconectar con la naturaleza y retomar su pasión por la escritura. Allí publicó Who Stole the Funny?, una novela que ofrece una mirada divertida al detrás de cámaras del mundo televisivo.
