Claire llegó al juzgado y encontró a Grant allí.
Se veía descansado. Llevaba un impecable traje azul marino y se comportaba con la seguridad de quien cree haber ganado ya. A su lado, con su mano bien cuidada apoyada en su brazo como si fuera algo natural, estaba una mujer que Claire reconoció al instante.
Tessa Monroe. Una compañera de trabajo de Grant. La misma mujer de la que le habían dicho a Claire que no se preocupara. La misma mujer a cuya fiesta navideña Grant le había instado a no ir porque estaba "demasiado cansada".
Grant miró la barriga de embarazada de Claire.
Su expresión no era de preocupación. No era de culpa. Era algo más parecido al disgusto.
—No podía quedarme con una mujer con una barriga tan grande como la tuya —dijo secamente. Su voz se oyó más lejos de lo que parecía darse cuenta. Varias personas cercanas se giraron para mirar.
—Es deprimente —añadió—. Necesito recuperar mi vida.
Tessa esbozó una leve sonrisa de comprensión. —Grant lo intentó de verdad —dijo en voz baja—. Pero los hombres tienen necesidades.
A Claire se le hizo un nudo en la garganta. Mantuvo la voz baja y firme.
—Me estás pidiendo el divorcio justo cuando estoy a punto de dar a luz —dijo.
Grant se encogió de hombros. —Sobrevivirás. Mi abogado se encargará de la manutención. No soy tu tutor.
Luego deslizó otro documento por el banco. Un recibo de solicitud de matrimonio. Él y Tessa planeaban casarse la semana siguiente.
Claire miró el papel. Luego lo miró a él.
Grant se inclinó y bajó la voz para que solo ella pudiera oírlo.
—Fuiste un error —dijo. “Y, sinceramente, nunca aportaste nada.”
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