En nuestra noche de bodas, mi esposo desapareció durante tres horas. Cuando descubrí dónde había estado, me fui sin decir palabra.

“No mucho, vuelvo pronto.”

Luego salió, dejando atrás una habitación aún impregnada del aroma de rosas.
Siguieron tres horas de silencio: ningún mensaje, ninguna llamada.
Mientras la ciudad que nunca duerme susurraba tras la ventana entreabierta, la novia se durmió, exhausta, con un frío peso en el pecho.

Cuando abrió los ojos, Daniel estaba de pie junto a la ventana, con un cigarrillo medio quemado en la mano.
Ante su pregunta...

"¿Qué pasó?"

Admitió que tenía algo que confesar.

Esa noche, dijo, conoció a su antiguo gran amor.
El inesperado encuentro lo había desconcertado, precisamente la noche de su boda.


La confesión que lo cambió todo

 

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