—Yo... esto es...
—¿Esto es qué? —dijo Matías con voz de narrador de documental de Netflix sobre crímenes sin resolver.
—¡Una noticia hermosa! —explotó Rodrigo a una velocidad que rompió récords— ¡Una noticia hermosísima, la mejor noticia, estoy feliz, re feliz, el más feliz de todos! ¿Cuántas semanas? ¿Necesitás vitaminas? ¿Ya fuiste al médico? ¡Yo te llevo! ¡Nos casamos cuando quieras! ¿El sábado está bien?
Yo me tapé la cara porque me agarró una carcajada que no podía parar.
Matías asintió una sola vez, muy despacio, como un juez que acaba de leer el veredicto. Se levantó, fue a la cocina y se hizo un café como si hubiera terminado de ver un partido aburrido.
Rodrigo esperó a escuchar que la pava prendía y se inclinó hacia mí:
—¿Estaba planeado? —me susurró con los ojos bien abiertos.
—Desde que compré el test en la farmacia, amor.
—¿Y si yo hubiera reaccionado bien solo?
—También estaba bueno —dije—, pero esta opción era más divertida.
Me miró unos segundos. Después miró hacia la cocina. Después suspiró de ese modo que significa "voy a contar esto en terapia".
—¿Tu hermano sabe que ya le pedí casamiento?
—Ahora sí.
Desde la cocina se escuchó a Matías:
—Fecha. Necesito fecha.
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