Había habido un accidente ese día, pero no el suyo. Se aprovechó del caos. Le pagó a alguien para que falsificara registros. El ataúd cerrado había sido intencional.
Ella no había muerto.
Ella se había ido.
¿Y el dinero que enviaba cada mes?
Financiaba su nueva vida.
La casa.
El coche.
Su amante.
Su hijo.
Mi dolor había sido sus ingresos.
Me puse de pie, tranquilo al fin.
“No te estoy denunciando”, dije.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
