Cuando fallece un ser querido, muchas personas sienten el impulso de despedirse con un último beso. Aunque este gesto puede parecer inofensivo o incluso necesario desde el punto de vista emocional, los médicos y expertos en salud advierten sobre los riesgos que puede conllevar besar a una persona fallecida.
Riesgo de transmisión de enfermedades
Uno de los principales motivos por los que no se recomienda besar a un difunto es el posible riesgo sanitario. Tras la muerte, el cuerpo entra en un proceso de descomposición que comienza pocas horas después del fallecimiento. En este proceso, proliferan bacterias, especialmente en la cavidad bucal y en órganos internos. Aunque no todas estas bacterias representan un peligro inmediato para los vivos, algunas sí pueden provocar infecciones si entran en contacto directo con mucosas o heridas abiertas.
Si la persona fallecida portaba enfermedades contagiosas como tuberculosis, hepatitis, meningitis o incluso COVID-19, existe la posibilidad —aunque baja— de que algunas de estas afecciones aún puedan ser transmisibles en las primeras horas post mortem, especialmente si se tiene un contacto cercano con fluidos corporales.
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