Ante la pregunta de los riesgos que corría, Kennedy mantuvo la mente clara. Confirmó que la Casa Blanca se había negado a otorgarle protección del Servicio Secreto, pero que había tomado medidas privadas para su seguridad. «Hay cosas mucho peores que la muerte: vivir como esclavo o ver a nuestros hijos perder las libertades por las que murieron tantos estadounidenses». Instó a todos los ciudadanos a defender estas libertades, cueste lo que cueste.
El desierto como revelador de lo divino
Kennedy concluyó con una nota espiritual. Recordó a todos que todas las grandes revelaciones religiosas tuvieron lugar en la naturaleza: Moisés en el Monte Sinaí, Mahoma en el Monte Ara, Buda bajo el árbol Bodhi, Cristo en el desierto. «Dios nos habla a través de los peces, los pájaros y las hojas».
La naturaleza se convierte entonces en un santuario, un refugio del bullicio tecnológico e industrial. Invita a todos a regresar a ella: a caminar por el bosque, a nadar en un río, a escalar una montaña. Es allí donde llegan las respuestas, donde se restauran las energías, donde se restablece el equilibrio.
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