Miré a Leo. Algo dentro de mí se apagó… y algo mucho más antiguo despertó.
—Papá cree que mamá es aburrida —susurré, con una voz que ya no era la misma.
Fui a la estantería. Dejé los libros de cocina. Tomé un ejemplar polvoriento de El arte de la guerra. Álvaro lo había comprado para aparentar en videollamadas.
Lo abrí.
El interior estaba hueco.
Dentro, un teléfono viejo, indestructible. Un solo número guardado.
Marqué.
La voz respondió al primer tono:
—¿Princesa? ¿Ha llegado el momento?
¿Quién era realmente Sara… y qué iba a pasar cuando su padre supiera la verdad?
No respondí de inmediato. Miré a mi hijo dormido contra mi pecho, ajeno al terremoto que acababa de comenzar.
—Sí, papá —dije por fin—. Ha llegado.
Al otro lado de la línea, Javier Calderón no preguntó nada más. No necesitaba detalles. Mi padre no se había convertido en el hombre más temido del litoral mediterráneo haciendo preguntas innecesarias.
—¿Te ha tocado? —preguntó, seco.
—No. Pero nos ha abandonado. A mí y a su hijo.
Hubo silencio. Luego:
⏬️⏬️ continúa en la página siguiente ⏬️⏬️
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
