—Con un mendigo de la mezquita —agregó su padre.
—Eres ciega. Él es pobre. Hacen buena pareja.
Sintió como si la sangre se le bajara del rostro.
Quiso gritar, pero no pudo decir una sola palabra.
No tenía opción.
Su padre nunca le daba opciones.
Al día siguiente, la casaron en una ceremonia rápida y simple.
Por supuesto, nunca vio la cara del hombre — y nadie se atrevió a describírselo.
Su padre la empujó hacia él y le dijo que tomara su brazo.
Ella obedeció, como un fantasma atrapado en su propio cuerpo.
La gente se reía por lo bajo, murmurando:
“La ciega y el mendigo.”
Después de la boda, su padre le entregó una bolsa pequeña con algo de ropa y volvió a empujarla hacia el hombre.
—Ahora es tu problema —dijo, y se marchó sin mirar atrás.
El mendigo, llamado Yusha, la llevó en silencio por el camino. No habló por un largo rato.
Llegaron a una choza deteriorada en la orilla del pueblo. Olía a tierra mojada y humo.
—No es mucho —dijo Yusha en voz baja—, pero aquí estarás a salvo.
Ella se sentó en un petate viejo, aguantando las lágrimas.
Ésa era su vida ahora: una joven ciega, casada con un mendigo, viviendo en una choza hecha de barro y esperanza.
Pero algo extraño pasó esa misma noche.
⏬️⏬️ continúa en la página siguiente ⏬️⏬️
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
